Cortar
menudos los ajos y la cebolla, y poner en la cazuela con el aceite,
el pollo salpimentado al gusto y el perejil picado.
Sofreír
hasta que el pollo empiece a coger color, dando vueltas de vez en cuando
para que a) se haga por todos lados, y b) no se achicharre por uno solo.
Añadir
la cerveza, un vasito de agua, y dejar cocer hasta que el pollo esté
tierno (coincide con el momento en que deja de estar duro).
Probar
la salsita para rectificar la condimentación, si hace falta, y servir.
Es
un plato estupendo para los que echan de menos los guisos de sus mamis,
y de paso para tener un par de raciones en el congelador, que vienen
de maravilla en un momento de apuro.